En el corazón de la península de Yucatán, donde la tierra roja se encuentra con la historia milenaria, nace cada pieza de Amanita. Nuestras manos heredan el conocimiento de generaciones de artesanos mayas, transformando el barro en objetos que hablan de cultura, territorio y belleza.
Cada maceta es moldeada, alisada y terminada a mano — un proceso que honra la tradición mientras abraza el diseño contemporáneo.